viernes, 9 de marzo de 2012

Acerca de mí

Mi nombre es Ismael Alonso (Fuente el Olmo de Íscar, Segovia, 1974) y soy profesor de Lengua Castellana y Literatura en un instituto madrileño (IES Villa de Valdemoro, Valdemoro) y periodista en extinción (he trabajado y colaborado a lo largo de un decenio en medios impresos como Diario 16, Cambio 16, El País o Paisajes desde el tren, entre otros). Mi producción literaria abarca, fundamentalmente, la narrativa y la poesía. Hasta el momento, he publicado las novelas Algún día (2010) y La hija de la lluvia (2011), ambas publicadas en Bohodón Ediciones.
A menudo, y sobre todo en mis clases de Lengua Castellana y Literatura, planteo a mis alumnos la temible pregunta: ¿para qué sirve la literatura? Vivimos en la sociedad de la utilidad, del materialismo. Toda pregunta debe tener una respuesta, nada debe dejarse al socaire de la improvisación. ¿Y qué pasa con lo intangible? Entonces, ¿para qué sirve la literatura?
A mí me gusta escribir, les digo; hasta saben que he publicado un par de novelas -muchos sienten la curiosidad del título, los menos; los más me miran como un bicho raro-. Pero profe, jopetas, no te salgas por la tangente. Una cosa es que tú tengas esas aficiones tan raras y otra que perdamos el tiempo delante de un libro.


Ya no me ofendo, lo reconozco; en los tiempos que corren, hay que usar la imaginación. Nunca fue una buena época para la literatura, por mucho que nos cubramos de nostalgia irremediable. ¿Cuántos ejemplares vendía Lorca de su Romancero gitano? Varios centenares, sin más.
Vuelvo a la carga: a ver, si me preguntas para qué sirve eso de leer, te diré que para nada. Los miro fijamente, les confieso 'mi' verdad (y, de paso, les hablo algo de Machado): soy lo que soy -un hombre solo, sin estridencias- gracias a los libros. No podría entender mi vida sin ellos. No hablo ya de literatura, sino de mí.
Aún recuerdo -añado ante los atónitos chicos- cuando en mi casa no había ni un solo libro. Fue un profesor de Literatura, Pedro, quien sembró la semilla... Yo, si no hubiera sido por él, me habría convertido en un chico más -no es que ahora sea diferente ni me crea más importante-, sin haber percibido cómo un libro, una película puede cambiarte la vida. Como Pedro hizo conmigo, yo me prometí transmitir ese maravilloso virus a mis alumnos -los que se dejen, claro-. Es la particular cadena de favores que intento cumplir. Lo recuerdo en momentos bajos: cada uno somos una pieza del engranaje, es inevitable dejarse llevar por el desaliento.
Y en eso estamos...


2 comentarios:

  1. Te entiendo. Y entiendo la parte que te toca con lo que recibiste.Para qué sirve...? Para soñar, para crecer, para vivir tu vida propia y la de los demás, para no sentirte solo, sino una célula de la humanidad.
    Díficil de entender por adolescentes.Yo, tampoco tenía libros en mi casa.Un día gané un libro en mi Instituto, por el día del Libro.Era un cuento triste:"La vendedora de fósforos". Pero, era mi tesoro.
    Ahora mis hijos, tienen muchos libros, pero no leen.No pude influir mucho en ellos. Cosas de la vida.Pero las palabras convertidas en poemas, o en historias siguen sacando esencias, aireando sueños y saltando fronteras.
    Un saludo afectuoso.
    Soy Mavi, una profe del Rosario, madre de un pelirrojo- Javi Durán- que tuvistéis por allí.
    A ver si algún día charlamos. Iré leyendo tus cosas, porque me interesan y también escribo alguna cosilla.

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  2. Emotiva tu historia, Mavi. A veces no hay mejor manera de amar los libros que verlos algo lejos; lo fácil nunca es vecino de las pasiones. Da recuerdos a Javier, tu hijo. Espero que le vaya muy bien, se lo merece. Gracias por el interés y el afecto. Un abrazo

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