miércoles, 29 de agosto de 2012

Poema: 'Querido padre'


Querido padre:
Esta mañana han llamado a mi puerta,
me ha ladrado un perro,
me te tomado una tarrina de helado,
el cartero me ha entregado una carta
certificada.

Querido padre:
Esta mañana ha nevado y he salido
con las niñas al parque para levantar
un muñeco de nieve.

Querido padre:
Estamos de vacaciones
y aún no me han ingresado
la paga extra. Así,
¿cómo demonios quieren que compre
los regalos de Navidad?

Querido padre:
Tus nietas siguen creyendo
que Papá Noël existe y que los Reyes Magos
no son tan corruptos como los nuestros,
aunque yo insisto en que lean la prensa,
contraten a un detective, chequeen
las cuentas de Suiza o de algún paraíso
fiscal de los que hay por el mundo.

Querido padre:
Esta mañana han llamado por teléfono
preguntando por ti y les he dicho la verdad:
te estás metiendo la vida padre ahí arriba,
tú que pensabas que Dios no existía
-y lo sigues creyendo, estoy seguro-.
No ha debido de gustarles la respuesta,
porque han colgado bruscamente
soltando una soflama contra los irreverentes
como yo.

Querido padre:
Por aquí las cosas andan un poco mal,
dicen que los políticos no valen para nada,
no cumplí la promesa de enviarte por correo
-pero, ¿adónde?- mi primera novela
-me debes una dedicatoria, ¿no lo sabías?-.

Querido padre:
Alguna vez fue el dolor, pero perdónalos,
porque no saben lo que dicen.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Fuente el Olmo de Íscar: pregón de las fiestas 2012


Uno intenta ser profeta en su tierra, que no es nada fácil. El 14 de agosto he tenido el honor de leer el pregón de las fiestas de mi pueblo, Fuente el Olmo de Íscar (Segovia). A continuación reproducto el discurso.



Queridos amigos:

No es mi intención hacer un discurso al uso, de esos que se remontan a la gloria lejana de la tierra patria o al esplendor castellano y sus cantores más ilustres. Verme aquí, en esta atalaya tan privilegiada, me recuerda aquella escena de Bienvenido Míster Marshall en la que José Isbert, alcalde de Villar del Río, decía: “Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a pagar”.

No, no estoy aquí por ser el alcalde, sino porque la benemérita corporación municipal me ha pedido que os regale unas palabras. Tampoco voy a repartir albricias ni dineros contantes y sonantes, que para eso, digo yo, deberían estar los banqueros y algunos políticos. Mis palabras son humildes porque me humillo ante vosotros, porque soy uno de vosotros.

Todos estamos aquí porque tenemos algo en común. Por ejemplo, la belleza: ¿o no somos todos rematadamente guapos? Claro que sí.

No parecen tiempos propicios para la alegría, por eso tenemos que reivindicar con más ahínco lo que somos. Lo que fuimos. Lo que seremos.

Nos podrán recortar el bolsillo, pero nunca la alegría, las ganas de vivir, la fiesta eterna del estío durante estos días –y estas madrugadas- tan prolíficas en nuevos amores, en amanecidas súbitas y en complicidades que uno guarda en su memoria el resto de su vida.

Parafraseando al Buscón de Quevedo, “yo, señores, soy” de Fuente el Olmo de Íscar. Por mucho que uno no quiera o intente lo contrario, hay un trozo de nosotros que nunca nos podrán robar. Ni intervenir, claro. Porque, no nos engañemos, en esta época desposada con el pragmatismo, solemos reducir el mundo a la aridez de las cifras: