lunes, 26 de agosto de 2013

Poema: 'Buscando a Jaime Gil de Biedma'

                                                                                                 
                                                                                                 Pero callad,
                                                                                                 Quiero deciros algo.

                                                                                                 Jaime Gil de Biedma
Tarde a agosto.
Finales de agosto.
Tomo la primera curva a la izquierda
y los frenos chirrían espantados.
El móvil entre mis dedos,
la huella indeleble de la espera.
Lo buscas entre dos hileras de tumbas,
en el pasillo central.
Giras la cabeza,
anhelas encontrar su nombre,
rendirle humildes palabras,
saldar una deuda pendiente.
Lo has pensado muchas veces,
por ejemplo, ante la tumba
de tu padre:
no entiendes por qué el hombre
se humilla ante la piedra
que algún día guardará sus despojos.
Por fin lees su nombre,
debajo del de su padre,
su madre; justo encima
del de sus hermanas.
Nombres acotados entre dos fechas,
caracteres de plomo,
esquirlas de luz.
Nada te dice el granito.
Unas cenizas depositadas en 1990
por amigos escritores, Juan Marsé
al frente,
en el cementerio de Nava de la Asunción.
En esta tarde de agosto 
en que tu sombra languidece,
te fijas en un papel sujeto con dos piedras,
al pie de la tumba,
rotas las primeras palabras,
como solo puede serlo la verdad
a merced del tiempo y su azogue:
“Ya no te tendrás que ocultar detrás
de tu tristeza”.
Lees los primeros versos mientras
tomas, sin dudarlo, una foto.
Después, las letras se derraman
en el vacío,
la tinta ausculta la esencia
de su propio límite.
¿Qué mano empuñó este desafío
contra el tiempo y la muerte?
Jaime Gil de Biedma, escúchame,
quiero decirte algo.
Mis pasos manchados de polvo,
mi nombre manchado de polvo,
mis palabras manchadas de polvo.
Lejos de tu leyenda negra,
pandémica y celeste,
todos queremos morir como mueren
los que han amado mucho.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Poema: 'No'


No pronuncias su nombre
como secreta gruta escondida,
no habitas su lecho
tantas veces amasado,
no acomodas la noche en su boca
como aire dormido que sabe a tierra.
No se derrumban los hiatos
bajo la presión de azogues
y pernos del alma.
No. Pero da igual.
Un sí que parece un no.
Tus labios semejan
otros igual de jóvenes,
igual de fríos,
igual de ajenos.
Arterias y goznes de viento
asendereando la tarde,
el crepúsculo dorado de la infancia:
bancos de madera y cestos
de pimientos, de escarolas,
de frutos secos y manos dormidas.
Todo parece claridad que se precipita
en la nota muda, abatida, sin sal.
No dices su nombre,
no albea el acontecer y su destino,
no amanece el hilo minúsculo
que te une a la palabra y su espejo.
Dintel o ausencia,
cuaderno de metales
en el límite del no
que parece un sí.
Acaso una afirmación
que hunde sus manos
en la carne de fragua
del tiempo de las flores.