miércoles, 27 de agosto de 2014

Poema: 'Hace muchos, demasiados años'


Hace muchos, demasiados años,
por las noches, manchaba
cuadernos de versos.
Aún los guardo en cajones
escondidos con la esperanza
de perderlos algún día
(tengo el convencimiento
de que eran ciertamente malos).
Las noches suponían la cifra
del misterio en edificios solitarios
donde solo las palabras
vigilaban la raíz y esencia del futuro.
Soñaba con muchas cosas,
pero la principal era seguir,
hoy, buscando
en los arcones de la luz
la música de las palabras
-así decía Truman Capote-,
su lumbre tibia y pura
que ilumina esta mañana
de agosto y la de aquella
noche en penumbra,
al calor de una débil bombilla,
cuando abandonar la infancia
era la manera segura
de sentir la caricia del agua
del tiempo.
Hace muchos años, por las noches,
manchaba cuadernos de versos,
como lo hago ahora.
Y algo me dice que el poema
me escribe, me traza sus pausas,
acomoda su ritmo a mi respiración,
viaja a los altos territorios
del sueño para soñarme.
Y ya no sé si es la luz quien
me crea o son aquellas noches
perdidas en las simas del tiempo
inexistente de hace muchos,
demasiados años.

sábado, 23 de agosto de 2014

Poema: 'Apunte de la felicidad' (Viaje a Madrigal de las Altas Torres)'

Fuente: http://www.madrigal-aatt.net/convento.htm


                                  A mi hermano, porque
                                  no siempre los versos son tristes.



Llegamos al pueblo
a última hora de la mañana,
un sábado de agosto.
Visitamos el antiguo hospital
levantado por Juan II;
la iglesia principal,
San Nicolás de Bari;
los exteriores
de Santa María del Castillo,
el convento de agustinas
de Santa María de Gracia.
En este último, una monja
risueña franquea el paso
y explica con desidia
salas de audiencias,
el antiguo refectorio,
una inscripción referida
a Fray Luis de León,
el claustro, la capilla real,
tallas de Juan de Juni,
de Berruguete;
una estampa curiosa
del niño Jesús
en brazos de San José.
En la primera planta,
las habitaciones reales
de Juan II, de Isabel I
-la estrecha estancia
en la que vino al mundo-,
braseros y candiles de entonces,
un escritorio del siglo XV,
el retrato de los católicos monarcas
que estampa tantos libros de historia.
La visita acaba y la misma
célibe, apoyada en un bastón
que sostiene sus ancianos pasos,
nos conduce a la salida.
Bullicio y flashes,
comentarios de última hora,
explicaciones que ofrecen
sentido a lo que no es sino
mera conjetura.
Hoy, en Madrigal de las Altas
Torres, Ávila, el pueblo con el nombre
más hermoso de España,
según Dámaso Alonso,
fui feliz, secretamente dichoso.
Sabedlo,
antes de que la noche
traiga nuevos presagios y temores
y borre la rutina de la luz
del lienzo escondido
en el corazón anhelante.
Un solo deseo encumbra
palabras vanas.
Hablo con la piedra lo mismo
que un hombre hace consigo.
A solas.
En la hermosa compañía del tiempo
y su eco.

jueves, 21 de agosto de 2014

Poema: 'La escopeta'



Era un verano más,
en el pueblo.
Me costaba echarme la siesta
y el mundo tenía la amplitud
de aquel niño menudo
que todo lo ignoraba.
Ahora, mientras contemplo
cómo el viento sacude
con suma delicadeza las ramas
del manzano del mismo corral,
ya sin gallinas -se escaparon,
le dije a nuestra hija mayor,
y su madre asintió cómplice-,
recuerdo aquella escopeta
de perdigones,
tordos y gurriatos volando
lejos con desconfianza,
el bote que encumbraba
un palo podrido en el tejado
y era blanco seguro
del azar y sus desdichas.
Esas eran mis guerras,
la certeza del libro cerrado
soñando sus páginas
sobre un escabel viejo o arcón
de poco después del 39,
aun antes de abrirlo,
con la escopeta siempre vigilante.
Cómo es posible que
materia de dolor sea
objeto de dicha, te preguntas,
y te avergüenzas de ello.
Contiendas en las que siempre
ganaban los buenos,
héroes y libertadores
de algún pueblo sometido
a un tirano sin nombre
de los que solo existen,
infeliz paradoja,
en la imaginación indigente
de cualquier niño.
La escopeta y el libro,
cruel dicotomía de mis trece,
catorce, quince años.
Y, sin embargo, elegiste
las tardes silenciosas del verano
con el dedo a punto
de apretar el gatillo.
Entonces la vida no iba
en serio y hasta aquella
escopeta no parecía más
que un juguete
impreciso de ceniza
que, aún hoy,
te sigue inspirando ternura
y agradecida espera.

lunes, 11 de agosto de 2014

Poema: 'Somos hijos de la luz'


Somos hijos de la luz,
la buscamos sin remedio;
tanteamos a oscuras
en cuadernos viejos,
en arcones olvidados
donde el deseo
es hermano pobre,
apenas sol añejo
de tiempos que no existen;
cruel venero
donde crecen hierbas,
se arrumban aperos,
y tanteamos a oscuras,
siempre, siempre de nuevo,
la raíz amarga
del plomo y su espejo.
Somos hijos de la luz
en un campo seco
donde nace la pobreza,
y, aun así, cavemos
como sabe el hombre
y su inútil esfuerzo,
como arar sin palabras
la dureza de un cuerpo
amado sin más,
que habita lejos
de la sangre y sus entrañas.
Decidme, hijos del tiempo,
dónde queda
el propósito primero
del amor sin alambiques,
de los cuerpos ciertos
y su agonía del verano
donde sueña el hielo.
Mis manos dos nubes,
miradlas, nubes sin cielo
que sostienen la tarde
como templado velo.
Somos hijos de la luz
donde sueña el tempero
tu fruto de mañana;
mi mano en tus dos senos
prosa de la noche,
apagada luz de tu recuerdo.

sábado, 9 de agosto de 2014

Poema: 'Oficio de tristeza'


Raro oficio este
de vivir soñando
con otro sueño.
Ajena lentitud,
extraña alegría
del recuerdo:
sus tristezas,
sus poemas,
su inútil y pleno
don que es espera
del momento,
oficio de tristeza
desde muy lejos.
Te llaman Ismael
y dejas palabras
en este cenicero
que consume días,
noches, ciegos
ripios sin sustancia
en los huesos
de lo que pretende ser
-perdonadme- el silencio.

Poema: 'Postal de agosto'


"Pues aunque el resplandor que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas,
aunque nada pueda hacer volver la hora
del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos, pues encontraremos
fuerza en el recuerdo,
en aquella primera simpatía
que habiendo sido una vez, habrá de ser por siempre,
en los consoladores pensamientos que brotaron
del humano sufrimiento
y en la fe que mira a través de la muerte..."


William Wordsworth


Sobre el cereal maduro,
dos cuerpos compiten
por ganar la inmortalidad
en la retina de la memoria.
Muchos años después los dos,
en la distancia del recuerdo,
alteran palabras,
remedan gestos improbables,
meditan aquella tarde
imposible de agosto,
manosean
sus curvas y sus razones,
la senda segura
de toda negación:
ni siquiera sabe si aquel
cuerpo amado existió
en la penumbra del sueño
o fue simple óxido,
tierra seca,
deseo inalcanzable.
Lo bello, te dices,
es la escondida senda
que une dos mentiras,
la memoria de lo que existe
porque nunca fue
pero te esmeras en grabarlo
en la roca del poema
como única verdad:
aún puedes sentir
la sequedad del campo
y los cuerpos sudorosos
que ahora rescatas como regalo
agradecido de esta tarde
de agosto, muchos años después.

Poema: 'La carpeta'

                                       A mi tío Alfredo.
Me acerca una carpeta llena de papeles.
Una vida resumida en unos folios maltrechos:
fotografías de cuando era joven
y estaba en acto de servicio,
caminatas monte arriba en busca
del comercio ilegal del ganado.
Cuarenta años de servicio,
uno más o uno menos,
y vuelta a los orígenes.
Ochenta años y unos meses,
reza su documento de identidad.
Me enseña sus manos como
la muga más clara del camino,
radiografía del sueño
al que solo los papeles sustentan.
Amarillos, delicados papeles:
medallas al mérito, informes
favorables, algún reportaje
en la prensa de cuando los secuestros
eran el pan de cada día.
He aquí el hombre y sus afanes,
el abrigo de la memoria,
la feraz letanía de sus primeros destinos,
los últimos años –los del recuerdo-
en la ciudad –Segovia- y en el pueblo
–Fuente el Olmo de Íscar-.
Saca una cerveza.
Sus ojos –música silente
del mar lejano- se humedecen.
Detrás de la cuesta, la noche
apaga, como aldaba, las últimas palabras.
Los niños gritan pilotando veloces
sus bicicletas,
vencejos desorientados vuelan a ras del suelo
anunciando la tormenta.
Es una tarde más, de verano,
del mes de agosto.
La carpeta, en mi mano,
es humilde certeza, verdad frágil
del quicio inalterable de la ceniza.

Poema: 'Hoy ya no soy hombre'


Hoy ya no soy hombre.
Me he ido con el viento del oeste
y la luz de la tarde ha calcinado
este instante de hierros dormidos.
Hoy ya no soy hombre.
La palabra tiembla y desliza
su lomo húmedo
sobre el nombre de las cosas.
Hoy ya no soy hombre.
Un puñado de papeles,
un puñado de silencios,
un puñado de luz oscura
del alma, sueño de lluvia,
cenizas del tiempo ausente.
Hoy ya no soy hombre,
palabra o cristal
antes de dejar de decir.
¿Quién eres?, te preguntas.
Un hombre que ha dejado
de ser hombre en la arena suave
de los soles dormidos.