jueves, 21 de agosto de 2014

Poema: 'La escopeta'



Era un verano más,
en el pueblo.
Me costaba echarme la siesta
y el mundo tenía la amplitud
de aquel niño menudo
que todo lo ignoraba.
Ahora, mientras contemplo
cómo el viento sacude
con suma delicadeza las ramas
del manzano del mismo corral,
ya sin gallinas -se escaparon,
le dije a nuestra hija mayor,
y su madre asintió cómplice-,
recuerdo aquella escopeta
de perdigones,
tordos y gurriatos volando
lejos con desconfianza,
el bote que encumbraba
un palo podrido en el tejado
y era blanco seguro
del azar y sus desdichas.
Esas eran mis guerras,
la certeza del libro cerrado
soñando sus páginas
sobre un escabel viejo o arcón
de poco después del 39,
aun antes de abrirlo,
con la escopeta siempre vigilante.
Cómo es posible que
materia de dolor sea
objeto de dicha, te preguntas,
y te avergüenzas de ello.
Contiendas en las que siempre
ganaban los buenos,
héroes y libertadores
de algún pueblo sometido
a un tirano sin nombre
de los que solo existen,
infeliz paradoja,
en la imaginación indigente
de cualquier niño.
La escopeta y el libro,
cruel dicotomía de mis trece,
catorce, quince años.
Y, sin embargo, elegiste
las tardes silenciosas del verano
con el dedo a punto
de apretar el gatillo.
Entonces la vida no iba
en serio y hasta aquella
escopeta no parecía más
que un juguete
impreciso de ceniza
que, aún hoy,
te sigue inspirando ternura
y agradecida espera.

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