martes, 30 de junio de 2015

Poema: 'El timbre'



                     A Rita Martínez
Suena el timbre una vez más:
carpetas, libros usados, la misma
inquietud de tantas veces.
Tienes miedo, pero no se nota;
tienes esperanza y tienes amor,
pero no se nota.
Te recuerdas comprando
lápices en septiembre, cuadernos
con pauta y el estuche más escondido
que vendían en la tienda.
Olvidas tu primera clase
–hace ya tanto tiempo-
y la última –apenas ayer-,
¿no es agradecimiento lo que te regala
la vida cada año?
Suena el timbre, la misma inquietud
de tantas veces: el quicio de la puerta
con una sonrisa y una mano enlazada
al cuerpo anhelante de la juventud.
Somos la mirada que nos crea,
somos lo que amamos,
somos cada uno de los días
que apuran la delgada memoria
en la tibia crátera de la felicidad.
Suena el timbre, la misma verdad,
¿por dónde empezamos?
En septiembre, llegan nuevas
cifras de desempleo, la estadística
de las ciudades más felices,
los paseos vespertinos
cuando tú y tus pasos
trazan un camino de vuelta
al tiempo sagrado de la esperanza.
Suena el timbre y sigues ahí.
¿Por dónde empezamos?
¿Qué alta cumbre reside en tu voz?
La verdad del amor espera,
los tacones en el pasillo,
las mochilas manchadas de tiza,
una boca que se abre justamente
a las ocho y treinta y cinco
de la mañana, no antes
-Profe, ¿puedo ir al baño?-.
Todos con la soledad a cuestas
cuando solo el afán inclina
los cuerpos cansados a la maravilla:
el prodigio de dos almas
tocándose para volver a ser humo,
frágil certeza en la pizarra,
papeles que editan una cita próxima,
aviones supersónicos que impactan
en el viento del cristal cuando la libertad
está aquí dentro, cuando miras a sus ojos,
cuando comprendes sin comprender,
cuando alientas la vida en regalo impuro
de recreos de abrigo largo y bocadillo frío,
de apuntes de última hora, de exámenes
que anota el calendario como una
promesa incumplida.
Suena el timbre.
Ayer, a la espera de las ocho
y treinta y cinco,
ni un minuto más:
esa muchacha que fui yo
se duerme sobre el pupitre
y anota bajo la ley del azar
una ecuación de sueños incumplidos
y de tardes de noviembre bajo
la ley marcial de los números.
Y piensas: es hermosa la vida.
Y vuelves a pensarlo:
es muy hermosa la vida.
E insistes:
es realmente hermosa la vida.

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