sábado, 31 de diciembre de 2016

Poema: 'El corredor de fondo'


Antes de dibujar en el aire
el escorzo de la primera zancada,
el corredor de fondo se da cuenta
del error:
no hay otra meta que seguir corriendo
más allá de la meta,
como no hay otra manera de amar
que seguir amando más allá
del amor.

Poema: 'El cuerpo de una niña de tres años en una morgue improvisada en Duma, en la periferia de Damasco'


Como un sol sobre tu rostro,
así olvidaste tu nombre,
los poemas escritos tiempo atrás,
aquel paseo por la Plaza Mayor
de Salamanca.
Lo olvidaste todo, sin remedio,
como aquella caminata entre los pinos,
como aquel libro tan grato
de Antonio Colinas,
como aquel volumen de cuentos
de José Manuel García González,
como esta tos que no curan
ni los caramelos de menta,
como la predicción del tiempo
a las tres y cincuenta y cinco
(nieblas muy densas y persistentes,
tres bajo cero en Pamplona),
ante aquel cuerpo amortajado
en una página cualquiera del periódico
(a la derecha, un anuncio de coches;
debajo, un balance del año internacional
que acaba;
arriba, una explicación de la tregua,
como si los guerreros no necesitaran
del descanso para continuar la lucha).
Una rosa negra de la que beben
los corazones oscuros
(tal y como cita Julio Llamazares
en su artículo de hoy, tomando prestados
versos ajenos).
Como el sol sobre tu rostro,
así olvidarás este momento.
Quizás mañana esboces una sonrisa
con el pecho henchido de gratitud
y los buenos sentimientos se queden
en un mal poema
perdido en el fondo de un cajón
o en la memoria imantada
del portátil.
“El cuerpo de una niña de tres años
en una morgue improvisada en Duma,
en la periferia de Damasco”.
Tus ojos dormidos a la vida
como este silencio que solo quiere
callar y dejar que la hermosura del dolor,
tan cierta, arañe clarines y cuerdas
rotas en el último día del año.
El frío sol de invierno es solo eso,
un frío sol más del invierno, lo sé.
Los tejados aún helados se resisten
a contemplar los cuerpos dormidos.
Una música más, un cuerpo más,
un dolor más.
Como un sol sobre tu rostro
así olvidaste tu nombre,
solo para ser, para saber,
para acunar la raíz del dolor.
El pie de foto rezaba así, sabedlo:
“El cuerpo de una niña de tres años
en una morgue improvisada en Duma,
en la periferia de Damasco”.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Poema: 'Propósitos de Navidad'



Después de borrar las palabras,
después de amar lo que no se puede amar,
después de arrancar una hoja más al calendario,
después de conducir y apagar las luces,
después de vaciar la papelera de reciclaje,
después de tachar los nombres y sus circunstancias.

Después de cortar el teléfono y la conexión a Internet,
después de borrar a todos mis amigos del Facebook
-aún no, pero algún día-,
después de vender la ilusión por un puñado de regalos,
después de la pureza y la incertidumbre.

Después de los espejos y sus grietas,
después de caminar hasta la altura exacta del tiempo,
después de descender a la alegría de la derrota.

Después de la duda y su verdad,
después del amor y sus rescoldos,
después de las Cartas a Lucilio,
después de Demócrito, su risa desafiante
y la visita del ingenuo Hipócrates,
después del hombre y su avaricia –mi avaricia-.

Después de que el adobe irrumpa en la entraña,
después de que el amor se adentre en su hábito,
después del decir y del no decir, que tanto dice.
Después de que me amaras,
después de que entendieras sin entender,
después de la Navidad y sus cuarenta y dos años,
después de la niebla y la verdad con minúsculas:
café, arena en los ojos, la boca seca incapaz de nombrar.

Después.

Poema: 'Después de esto y de lo otro'


Después de esto y de lo otro,
después del día y los mensajes,
del cuerpo cansado y la derrota,
después del amor y de la muerte,
solo después:
haces que haces algo,
besas que besas algo,
lees que lees algo,
en palabras divisibles,
en viento frío de la torre,
en pleonasmo sutil
del estibador y el mar ignorado.
Después de aquel día
en que no había después,
en que los adverbios señalaban,
como la veleta de la iglesia,
siempre hacia el cierzo del norte:
ahora, hoy, quizá, a pie juntillas,
nunca, no, algún sí sustantivado.
Después de tu cumpleaños
que es el mío,
después de los días
que son de los dos,
después, antes de la derrota,
hombre al hombro, ceniza
que conoció el esplendor
de las arterias.
Después de todo, después de esto,
después:
larga espera,
incansable viaje a Ítaca
cuando es el camino
este lento transcurrir
que es puerto seguro,
esta melancolía de los días
hermosos, de los días aciagos,
de los días en primera persona
del plural.
Decir te quiero:
no son mis labios quienes
lo dicen,
no son mis brazos quienes
te sujetan,
no son mis ojos quienes
te desnudan.
Decir después, fuera del pasado
y del futuro, ajeno al ahora
y a las sirenas,
al sabor amargo de la nieve,
a la alegría de la libertad
y la condena.
Háblame de esto y de lo otro,
háblame cerca de mi sangre,
háblame, donde una vez
se cruzaba el viento
con la esperanza de la llama.

Poema: 'El viajero'


La valía del ser humano no reside en la verdad, que uno posee o cree poseer, sino en el sincero esfuerzo que realiza para alcanzarla.
Gotthold Ephraim Lessing, Natán el sabio (1778-79)


En el primer verso la luz.
Tras la búsqueda,
¿qué nuevo silencio,
qué pautada lentitud
en el deshojarse del poema?